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A FONDO CON LA DUPLA PUCHI-GUZMÁN

Víctor Hugo Puchi (Presidente de AquaChile) y José Guzmán (Gerente general de Agrosuper) han estado desde los inicios de la industria salmonera y conocen en detalle toda la trastienda de cómo llegó a ser uno de los sectores económicos más relevantes del país. Diario Financiero se reunió con ambos para analizar el pasado, presente y futuro de un sector que ya lleva cerca de dos años atravesando por un buen momento, sustentado en los altos precios del salmón. Situación que, además, ha motivado la consolidación de este mercado, proceso que los encontró en el camino.

VÍCTOR HUGO PUCHI Empresario

“No, jubilar, yo no. Que a lo mejor tenga un tranco más lento, puede ser”

Víctor Hugo Puchi cuenta los detalles inéditos de la venta de AquaChile a Agrosuper, los beneficios que la industria ha generado para el país y las dificultades que debieron sortear los pioneros del sector.

‘No, jubilar, yo no. Que a lo mejor vaya a andar a un tranco más lento puede ser’. Víctor Hugo Puchi (66 años, casado, cuatro hijos) es uno de los principales referentes de la industria salmonera en Chile. Hace 30 años que apostó por este negocio, pero ahora se prepara para dar un paso al costado, luego de acordar la venta de la empresa AquaChile a Agrosuper, operación por la que Inversiones Patagonia recibirá más de US$ 280 millones, si la operación es aprobada por la Fiscalía Nacional Económica.

‘Cuando uno ha acumulado experiencia tiene un deber con la sociedad. Yo me siento orgulloso de nuestro aporte y destaco siempre el rol social del empresariado’, dice Puchi, nacido y criado en Cochrane, estudió en una escuela rural, luego en el Colegio San Felipe de una congregación Italiana y posteriormente ganó una beca AFS para completar sus estudios secundarios en EEUU. A su regreso optó por Ingeniería Comercial en la U. Católica y a comienzos de los años ‘80, realizó un postgrado en Finanzas en Chicago.

‘Espero gozar más la vida, quedando con más tiempo para desarrollar aquellas actividades que sin ser tan rentables, producen satisfacción y felicidad’, insiste sobre su futuro. La lista de ideas en bien amplia y variada, como levantar un Museo de Carpintería junto a su hijo en Puerto Octay, instalar una viña chica -‘para no perder tanta plata’, dice- y desarrollar instalaciones turísticas en la Patagonia, en donde el lujo sea el paisaje único del sur de Chile, recalca.

‘Siempre voy a tener mi corazón puesto en los salmones porque esta industria, más allá de ser un negocio, continuará siendo una fuente de progreso y trabajo para nuestra gente’, destaca el empresario, el mismo que defendió y lideró la oposición a la construcción de los proyectos Alumisa e HidroAysén, este último de propiedad de Endesa España (hoy Enel) y Colbún (ligada al grupo Matte); proyectos que –dice- afortunadamente no se realizaron. Destaca en esto el apoyo permanente de su amigo Carlos Vial, otro salmonero de Aysén.

– ¿Usted se considera el pionero en la industria salmonera en Chile?

– Pionero sí, el único pionero no, ya que fuimos muchos los que partimos en 1987 y 1988; la mayoría con mucha formación profesional y sobretodo ganas de emprender, pero con poco capital. Creímos en el mensaje que daba el gobierno de aquel entonces, de que Chile tenía que recuperar su economía sobre la base de exportar y buscar aquellas áreas donde tuviera claras ventajas competitivas.

Los japoneses

– ¿Quién fue el que dijo que el salmón se da muy bien en el sur de Chile?

– Yo creo que los primeros fueron los japoneses, que en los años ‘70 iniciaron las investigaciones para ver cómo producir salmón en Chiloé y Aysén. En esa época se formaron los primeros expertos chilenos en salmón, quienes viajaron en varias oportunidades a trabajar a Japón y aprender de ellos.

– ¿Cómo conoció este negocio?

– Fue casual, porque mi hermano Mario junto con Pablo Aguilera fueron dos de los cinco profesionales becados por Japón. Inicialmente trabajaban en el SAG y luego en Sernapesca. Fueron los primeros pasos fundacionales de aprendizaje y formación de capital humano especializado en salmón, donde también participaron Rodolfo Aguirrebeña, Tito Novoa y Gustavo Araya, quienes formaron el equipo inicial de la industria.

– ¿Cómo se financió todo eso?

– Al comienzo con fondos regionales y con el aporte de Japón a través de su agencia tecnológica Jica; esto hoy poca gente lo recuerda.

Puchi se da un tiempo y explica: ‘Los salmones y truchas fueron introducidos al país a comienzos del siglo pasado por la empresaria doña Isidora Goyenechea desde Argentina, formando la primera piscicultura en la zona de Los Andes, siendo los primeros intentos de traer diversificación de especies a los diversos recursos de agua de Chile’. Agrega que, posteriormente, Japón dio un nuevo impulso en los años ‘70 y ‘80 desarrollando el cultivo de salmón en Chile.

A principios de los años ‘80, siguió la producción salmonera en el país mediante jaulas flotantes, de la mano de la en ese entonces empresa escocesa Marine Harvest y la chilena Mares Australes, a donde habían llegado a trabajar Mario Puchi y Pablo Aguilera, tras su paso por el servicio público.

Luego de una destacada carrera profesional, y pasar por grandes compañías como Inforsa e Iansa, Víctor Hugo Puchi gozaba de una buena posición al interior del grupo Quiñenco, ligada a los Luksic. Hasta que en 1988, en un viaje de vacaciones a la casa de Mario en Frutillar, les propone la idea a él y a Pablo: ‘Les dije: ustedes son los que saben del negocio. Juntemos plata y hagámoslo nosotros. Y eso hicimos. Fue un tremendo desafío, casi irresponsable’, recuerda Víctor Hugo.

‘Partimos con US$ 80 mil entre los tres socios y poco más de US$ 200 mil dólares que nos prestó el Banco Concepción’, añade.

– ¿A los cuántos años empezaron a ganar plata? – Yo creo que al primer año.

– Eso se da pocas veces.

-Se da muchas, pero no se cuenta.

A los seis meses de iniciada la empresa, los socios duplicaron la biomasa en cultivo tras comprar las operaciones de una firma noruega que estaba en problemas financieros y, dos años después, concretan la adquisición de Pesquera Antares. Rápidamente tomaron un tamaño relevante. En 1999 llegó la fusión con Salmones Pacífico Sur, de propiedad de la familia Fischer.

‘Tras la acusación de dumping en EEUU, tomamos la decisión con Claudio y Humberto de formar una sola empresa que hiciera todo el proceso productivo’, recuerda Puchi.

Oportunidades de compra

Pese al rápido crecimiento, los socios siguieron buscando opciones de compra para ganar posición en el exterior. Así fue como participaron en el proceso de venta de Marine Harvest. ‘Eso nos dio acceso a valiosa información y nos dimos cuenta de que los costos de producción, tanto en Escocia como en Chile del actor más importante del mundo estaban muy por sobre los nuestros, entonces, le perdimos el miedo a los grandes. Y dijimos: nosotros somos competitivos y podemos crecer’, recuerda.

– Esa información les permitió conocer a fondo la industria…

– En esa misma época había una compañía que se llamaba Heritage, en Canadá, que entró en problemas y también nos invitaron a participar en la compra. Pasamos una semana en Toronto y dijimos: nosotros podemos hacerlo más competitivo y más barato en Chile. Pero nuevamente obtuvimos mucha información y nos sirvió para saber que lo estábamos haciendo bien. En el mundo de los negocios, la confianza en lo que uno está haciendo es determinante para dar pasos, para atreverse. La confianza es la fuente de energía para crecer y emprender.

En 2007 llegó la propuesta de la noruega Cermaq, que ofreció más de US$ 1.000 millones por AquaChile.

‘Esto fue seis meses antes del virus ISA. Obviamente que si hubiéramos tenido un diagnóstico de lo que iba a ser la industria, no habríamos seguido y hubiéramos vendido’, dice Puchi.

‘Ahí ocurrió otro fenómeno que lo destaco siempre: con el ISA la gente apreció laboralmente lo que tenía cuando súbitamente enfrentamos el desempleo masivo de nuestra gente, teniendo que partir de nuevo con muchas limitaciones financieras’, añade.

– Ahí le tocó negociar con la banca…

– A mí me tocó, en 2009, junto a otros salmoneros como Martín Borda y Mario Montanari defender la viabilidad económica de la industria y aguantar y administrar la presión de la banca, que había perdido con fianza en el sector.

Lideramos la solución financiera junto a la banca y siento un tremendo orgullo de lo logrado, porque en esa época los asesores de los bancos nos daban 20 años para recuperarnos, pero nos tomó sólo un año y medio el levantar un capital de US$ 400 millones que permitió el rebrote de Aquachile.

– Siempre se dijo que el Bice fue el más duro…

– Nos demandó y nos requirió de pago. Fue parte de los costos de mi oposición a HidroAysén.

– ¿Usted cree que los Matte, dueños del Bice, actuaron así por HidroAysen?

– Qué duda cabe. Puchi recuerda al detalle la evolución de la crisis: los bancos querían todas las acciones y activos en garantía, ‘a lo que nos negamos rotundamente’, dice.

‘Sin embargo, se requería el apoyo de la banca para evitar la quiebra, para lo cual propusimos un acuerdo judicial preventivo, evitando enfrentar una calificación de la quiebra, situación que no merecíamos’, rememora.

Y añade: ‘Le planteamos a los bancos no tener ninguna responsabilidad en la emergencia de una plaga de origen biológico, y teníamos que tener la oportunidad de reconstruir nuestra industria sobre la base de crear una regulación más eficiente y moderna que nos protegiera de la situaciones que nos tocó enfrentar’.

La compañía llegó a presentar en Puerto Montt una petición de convenio judicial preventivo para evitar su quiebra, tras lo cual la empresa logró acordar con la banca un acuerdo exitoso con todos sus acreedores. ‘Fue un tremendo aprendizaje. Lo único que habíamos hecho fue defender nuestra compañía y nuestra industria frente a un fenómeno biológico de una plaga imposible de controlar por la falta de una regulación eficiente’, destaca Puchi.

– ¿Habló alguna vez con Bernardo o Eliodoro Matte?

– No, he tenido varios encuentros con Bernardo Larraín y creo que él representa un ejemplo de una nueva generación empresarial que trata los temas que a mí me tocó vivir de forma distinta.

– ¿Qué le dijo Bernardo Larraín?

– Creo que él está consciente de lo que pasó, y es parte del aprendizaje que todos hemos tenido que hacer.

La crisis que le tocó enfrentar a CMPC por la colusión del papel confort tiene que haber sido un punto de inflexión importante dentro del grupo que marca la razón para cuidar de mejor manera la reputación empresarial, situación que por lo demás se extiende a todo el empresariado.

Puchi da vuelta la página. Tras lograr la reorganización financiera y con recursos frescos tras debutar en bolsa, AquaChile retomó sus planes de expansión. Tanto, que en 2015 estuvo a punto de fusionarse con la noruega Marine Harvest, lo que finalmente se desechó luego que las partes no llegaran a acuerdo.

El empresario dice que estudiaron y analizaron otros intentos de consolidación en la industria, que prefiere mantener en reserva, hasta que llegó la oferta de Agrosuper, con lo que AquaChile pasará a ser parte del grupo de Gonzalo Vial. ‘Que haya una empresa chilena de este tamaño va a ayudar mucho a resguardar la salud sanitaria de la industria’, destaca.

JOSÉ GUZMÁN Gerente general de Agrosuper

“En 2019, por primera vez, las exportaciones van a ser más importantes que el mercado interno”-

El ejecutivo proyecta los desafíos, metas y objetivos del grupo en la industria salmonera. También habla de las dificultades que ha vivido el sector, lo que incluso los llevó a analizar salirse del negocio.

‘Esto parecía un imposible y se hizo con mucho esfuerzo’, recuerda José Guzmán, el hombre clave y brazo derecho del dueño de Agrosuper, sobre cómo surgió y creció la industria salmonera en Chile. Sólo el transporte del producto dentro de Chile era una travesía en sí misma: ‘Estábamos en el canal Puyuhuapi, a un par de horas de navegación de Puerto Cisne; y había que llegar con un camión que atravesaba una cuesta, para desembarcar la producción en Puerto Chacabuco. Después había que embarcar un contenedor que consolidaba su carga en Puerto Montt y de ahí un viaje a Tokio’, dice mientras hace un recorrido mental del trayecto. ‘Esta industria no partió de un día para otro’…

Pero hoy, Agrosuper –compañía de alimentos de Gonzalo Vial- va camino a transformarse en el mayor productor de salmones del país y en uno de los principales a nivel mundial. Tras acordar la compra de AquaChile este año, la firma se prepara para entrar a las ligas mayores de una industria que ha sabido de grandes éxitos, pero también de momentos complejos, como la crisis del virus ISA y una acusación de dumping en Estados Unidos.

‘Si hay algo bueno que rescatar… toda la zona sur de Chile (como Los Lagos, Aysén y Magallanes ahora último) tomó conciencia del peso específico que tiene esta industria y la importancia que tiene en la vida diaria de las personas. Si el buen funcionamiento de esta industria nos interesa a todos, porque en el fondo es un bien público. Esta industria beneficia mucho más que a los dueños de las salmoneras’, dice José Guzmán, gerente general de Agrosuper.

La empresa partió en 1955, cuando un grupo de personas, lideradas por Gonzalo Vial, partió con la venta de huevos frescos en Doñihue. Veinte años después se amplió hacia el procesamiento y comercialización de la carne de ave. El año 1983, la firma ingresa al negocio de la carne de cerdo, para en 1989 expandirse hacia el rubro de las cecinas y los salmones. Como si fuera poco, después entró al negocio de la carne de pavo.

‘Vamos a cumplir 30 años en la industria salmonera; en algunos periodos hemos estado muy contentos y en otros bastante frustrados. Hemos vivido periodos complicados por la naturaleza y otros complejos por la naturaleza de nuestro comportamiento humano, así como complicaciones regulatorias’, dice Guzmán.

-¿Alguna vez pensaron en salirse de la industria salmonera?

-Varias veces lo analizamos. El periodo que estaba terminando en 2015 fue un lapso muy largo y muy malo del punto de vista sanitario y comercial; todo lo que habíamos intentado hacer no nos estaba funcionando. Ahí estuvimos dispuestos no sé si a salirnos, pero sí a asociarnos con otro, porque teníamos la convicción de que existía un beneficio mutuo de la consolidación a través de las escalas, del orden territorial. En ese momento nos fue mal, no encontramos tierra fértil para poder consolidar nosotros o consolidarnos con otros; no pasó y será para otra vuelta.

Guzmán explica que tras esto empezaron a mejorar las condiciones de mercado, bajaron las producciones, subieron los precios a nivel internacional, se incorporó una nueva regulación y aumentó la demanda por salmones en el mundo.

‘Las cosas que no habían pasado empezaron a suceder’, destaca.

‘Eso cambió el ambiente y fue la razón por la que nosotros fuimos muy activos y así nació la compra de Friosur primero y después la alternativa con AquaChile’, explica.

A principios de año, Agrosuper concretó la compra del área salmonera de Friosur en US$ 229 millones y luego acordó adquirir AquaChile en una operación que podría superar los US$ 850 millones.

‘Siempre le hemos creído al negocio salmonero: hay una oportunidad verdadera para seguir creciendo’, señala Guzmán.

Un gran 2019

-¿Cuáles son las principales virtudes de la industria hoy?

-Existe una madurez muy importante. Enfrentamos muchas batallas, los jugadores que seguimos conocemos los riesgos sanitarios, medioambientales, comunitarios y los riesgos regulatorios. Por lo tanto, la aproximación a esos problemas a futuro debería ser más cauta, más prudente y más completa de lo que fue en el pasado.

Dado esto, uno puede proyectarse en esta industria que nos encanta, porque en el mundo, con un mercado inmenso que crece a tasas importantes, la capacidad para abastecer esa demanda está limitada por ahora a algunos lugares como el sur de Chile.

-¿Cuál será la importancia del área salmones en la compañía?

– Vamos a llegar, si Dios quiere, a formar una empresa grande. Si se mantienen los niveles de precios y costos, el próximo año, no en el futuro, el área de mar de Agrosuper va a ser la más grande del grupo. Y también en 2019, por primera vez en la historia de la empresa, las exportaciones van a ser más importantes que el mercado interno.

– Hasta ahora, todas las plantas productivas del grupo están en Chile, pero con la compra de AquaChile viene una operación de tilapia en Costa Rica. ¿Está en los planes instalar plantas en el extranjero?

-Es una cosa que no se ha descartado, pero a parte de la tilapia en Costa Rica no está en los planes inmediatos. Eso sí, no me cabe duda que en el futuro así va a ser. Cualquiera de las áreas que tenemos hoy podría incrementar su producción fuera de Chile.

-¿El salmón tiene mejores perspectivas que las otras proteínas?, ¿es más sano que el pollo o el cerdo?

-Es buena la pregunta. Todos los animales tienen cortes con más grasa y otros con menos; entonces, en Agrosuper apuntamos al concepto ‘que el consumidor elija’.

Las estadísticas señalan que las personas están comiendo más pescado en el mundo, y en Chile también. Esa es una oportunidad, pero las otras proteínas también están creciendo, aunque a distintas tasas, por eso buscamos tener muchas alternativas y que las personas decidan.

-¿Pero cuál es la proteína que tiene mejores perspectivas?

-Todas. Nosotros vamos a ir detrás de ese motor que es la demanda. Ahora, nunca vamos a ser los más grandes del mundo en las otras proteínas, pero en salmones el próximo año podemos llegar a ser el productor número dos a nivel mundial, pero eso no es un objetivo en sí; el objetivo es tener una escala para estar en este mundo y atender a los distintos consumidores. Es una estrategia que nos ha funcionado bien.

Producir proteínas en el agua

-¿Qué los llevó a entrar a este negocio?

-Se supo que esto estaba empezando a pasar en Chile y se estudió. Dijimos ‘porqué no, si nosotros sabemos hacer proteínas y tenemos una red de clientes en el mundo’. Esto era esencialmente producir proteínas, la diferencia es que era en el agua. Ya lo hacíamos con el pollo, lo estábamos empezando a hacer con el cerdo y existía esta posibilidad con los salmones. Y esa fue la razón de crear una empresa de la nada.

-Ustedes optaron por iniciar sus operaciones en una zona poco desarrollada.

-Partimos muy modestamente, muy lejos, con más ganas que recursos, con poco conocimiento y poca tecnología, la que se fue adquiriendo con el tiempo.

Por una razón de sustentabilidad sanitaria, cuando partimos quisimos irnos a una zona distinta de donde estaban comenzando a operar los salmoneros. La mayor parte entonces, año ‘88 y ‘89, estaba operando en la décima región y nosotros, a propósito, nos fuimos a una región más difícil que era la de Aysén. Más difícil en el sentido de que todo el apoyo logístico era más complejo. Y lo hicimos por una razón concreta, la sanitaria, que era una convicción que había aquí respecto de las otras proteínas: que para producir en forma sustentable y competitiva en el largo plazo, había que tener un estatus sanitario y un equilibrio con el medio ambiente que permitiera hacer todo para prevenir las enfermedades.

Por esto, destaca: ‘El efecto geopolítico que ha generado la industria, en zonas que estaban un poco postergadas, es brutal’.

-Pero fue prueba y error, lo que generó problemas sanitarios.

-La primera vez que vi todo esto tuve la sensación de que era como construir una pirámide. No habían caminos, no habían puertos, no habían servicios ni personas capacitadas. Había mucho empuje, emprendimiento verdadero, brutal, para construir y desarrollar un producto. Se hizo con mucho esfuerzo, con muchas ganas y perseverancia. Todas esas cosas que se fueron haciendo, han ido contribuyendo a hacer lo que es hoy esta industria. Si bien se hizo con muchos errores, eso es lo que permite que hoy día exista más madurez, prudencia y conciencia para invertir en las cosas que hay que hacer y para prevenir y mantener estos niveles de producción.

Lo más difícil: el ISA

-¿Que ha sido lo más complejo que le ha tocado vivir?

– No hacemos un ranking, pero el virus ISA definitivamente fue una situación muy compleja en una dimensión especial: generó miles de despidos, por lo que afectó a varias regiones de una forma muy importante.

Se nos murieron los peces y todos sentimos el peso. Desapareció esta industria.

-¿Y las bajas de precios entre 2014 y 2015?

-Las bajas de precios fueron muy bravas, pero también afectó mucho la acusación de dumping en EEUU muchos años antes. Sé el esfuerzo que tomó años para poder superar esa dificultad y que se reconociera que Chile no hacía dumping.

Guzmán remata: ‘Esta industria ha estado algunas veces muy enferma, otras sintiéndose mal y otras en la UTI y, sin embargo, en cada momento ha habido personas que han sido capaces de aportar su visión, esfuerzo, tiempo y recursos para que siga avanzando y no se haya quedado en el camino. Han habido personas, autoridades, que han encontrado caminos para ir resolviendo los problemas.
Recuadro :

El nacimiento de un nuevo sector productivo

En 30 años, la industria de los salmones logró posicionarse como uno de los principales productos que Chile exporta además del cobre. En estas tres décadas, el sector colaboró de manera muy relevante en el desarrollo de muchas ciudades del sur del país. El camino no fue fácil, en especial por lo que implicó el virus ISA, que cortó este desarrollo. La enfermedad se había desarrollado en algunos centros, pero fue un terremoto y tsunami -en abril de 2007- el que expandió la enfermedad. Pero tras años de estar en una situación inestable, la industria creció y según datos del Instituto Nacional de Estadística, hoy las empresas asociadas al salmón generaron más de US$ 5 mil millones en ingresos y emplearon más de 21 mil.

‘La realidad que hay que difundir’

Víctor Hugo Puchi dice que la industria salmonera debe comunicar sus logros sociales, de empleo y su tremendo aporte a la buena imagen de Chile en los mercados de alimento en el mundo. ‘Tenemos que difundir mejor las cosas que ocurren en nuestro país, no sólo los aspectos malos, sino también los buenos, que son la mayoría; contar la historia completa ya que nuestra industria ha logrado atraer a numerosos profesionales y técnicos de distintas áreas, produciendo un cambio social y económico en las regiones australes de Chile, lo que sin duda es un cambio positivo en la calidad de vida de nuestra gente del sur’, destaca.

Y añade: ‘En nuestro caso, nunca divulgamos la compra de la empresa Noruega del área de la salud animal, Pharmaq, hace unos 15 años atrás. Fue una experiencia que generó un tremendo valor para la industria mundial en el desarrollo de vacunas para proteger la salud de los peces; luego esa experiencia se extendió a Centrovet, empresa de capitales chilenos de la misma área de salud animal. Es un ejemplo de cómo la industria ha participado activamente en áreas de alta tecnología, de inversión, investigación y desarrollo’.

– Pero también está la parte negativa de la industria salmonera, como playas contaminadas con boyas y jaulas… – En esta área no tengo nada más que decir que es una tremenda falencia que tenemos que enfrentar. Creo es una urgente necesidad en donde hay que hacer un esfuerzo colectivo y ojalá legalmente obligatorio, destinando por ejemplo un porcentaje del pago de patentes por las concesiones a la recolección sistemática y periódica de basura.

– ¿Y sobre el uso de antibióticos?

– Cumplimos extrictamente con las normas de cada uno de los países donde exportamos salmón, eso es para sentirse orgulloso, pero desde el punto de vista de imagen pública aparecemos con una mala imagen, entonces, como país debemos defender nuestras políticas de protección de imagen país y no caer en la trampa del juicio apresurado. Desde hace 12 años Sernapesca implementó sistemas de certificación y sólo han existido cuatro hallazgos de trazas en el producto final, esto entre los millones de toneladas exportadas a 42 paises del mundo. Esta es la realidad dura que hay que difundir con orgullo. Aun así hay espacio para seguir mejorando.

‘Esta industria tiene importantes puntos que mejorar’

La industria salmonera ha enfrentado una serie de cuestionamientos durante su expansión en la zona sur del país, como el alto uso de antibióticos en comparación con Noruega, el rival de Chile en el sector.

Aunque las empresas trabajan en reducir el uso de antimicrobianos y antiparasitarios durante todo el ciclo productivo en mar (en el marco de la certificación del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura que nació hace casi dos años), José Guzmán reconoce que hay una serie de falencias que se deben mejorar.

‘La industria ha trabajado mucho, pero hay que reconocer que queda bastante. Se están haciendo esfuerzos, y es una de las fuentes importantes que justifican la consolidación, porque eso permite tener escalas para investigar y desarrollar tecnologías’, dice el gerente general de Agrosuper.

– En muchas playas de Chiloé es evidente la contaminación que genera la industria.

– En el caso de los fondos marinos, no tengo dudas de que en los próximos años van a desarrollarse tecnologías que puedan aplicarse en los centros de cultivo que permitan mitigar los impactos de la producción salmonera.

– Además se cuestiona que Chile utiliza una cantidad de antibióticos muy superior a Noruega.

– En los antibióticos hay mucho trabajo en la industria para prevenir las enfermedades, más que curarlas. En eso están las vacunas y nuevos sistemas de producción. Junto a esto, están los ejes logísticos para prevenir que las enfermedades entren, porque cuando lo hacen hay que usar medicamentos como los antibióticos. Existe una preocupación sincera por hacer cosas que nos permitan usar cada vez menos antibióticos, para que un día dejemos de usarlos.

Pese a todo, Guzmán es categórico: ‘Hay personas que por razones ideológicas no quieren que esta actividad exista, por lo tanto, a veces ocupan estas explicaciones que son importantes para convertirlo en una batalla’.

‘En la medida que se cuida el medio ambiente tenemos mejores resultados sanitarios, así gastamos menos recursos en medicamentos y con eso nuestros consumidores están más contentos, porque los productos son más sanos. Entonces, es un círculo virtuoso’, concluye el gerente general de Agrosuper.

“(Bernardo Larraín) representa un ejemplo de una nueva generación empresarial que trata los temas que a mí me tocó vivir de forma distinta’.

‘La crisis que le tocó enfrentar a CMPC por la colusión del papel confort tiene que haber sido un punto de inflexión importante dentro del grupo’.

“Siempre le hemos creído al negocio salmonero (…) Con un mercado que crece a tasas importantes, la capacidad para abastecer esa demanda está limitada por ahora a algunos lugares en el mundo, como Chile’.

“Existe una preocupación sincera por hacer cosas que nos permitan usar cada vez menos antibióticos, para que un día dejemos de usarlos’.

 

POR JOSÉ TRONCOSO OSTORNOL

Medio: El Diario Financiero
Sección: ESPECIAL – Aniversario 30 años
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